Una tarde quisiste ponerle punto final
Al poema que se auto-compuso.
Sus últimos versos marcaron senderos,
Pero esta vez,
El alba no volvería a verse.
Estos párrafos, naturaleza tácita,
Reclaman vigencia,
Pero mi pluma y genialidad
Se vieron corroídos,
O por ti, mutilados.
No hay inspiración a distancia,
No hay libertad
Si de amor y lágrimas se habla,
Y tenemos las dos…
Tenemos historia y alma.
Entre humo, cenizas y risas.
Este olor,
A victoria aprendida, fallece.
Entre mis dedos,
Tu nombre aparece… la soledad.
El camino que un día emprendimos
Hoy me mira,
Intentando recorrerlo bravamente.
Usando de guía
Un reflejo que aclare el norte.
Me enseñaste el principio,
Pero ahora,
Nos despedimos, y con un ahogo
Y mi garganta
Duerme aún las palabras
sábado, 9 de agosto de 2008
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